El exorcismo de León XIII designa en realidad dos textos distintos, a menudo confundidos en la literatura de devoción. La oración breve a san Miguel Arcángel, recitada después de la misa baja, y el Exorcismus in Satanam et angelos apostaticos, rito desarrollado publicado en el Ritual romano de 1903, no tienen ni la misma estructura, ni el mismo marco de uso, ni las mismas condiciones canónicas de recitación.
Cánon 1172 y condiciones canónicas del exorcismo solemne
El derecho canónico traza una frontera clara entre oración personal y acto litúrgico reservado. El cánon 1172 del Código de derecho canónico reserva el exorcismo solemne a un sacerdote que haya obtenido el permiso expreso del ordinario del lugar. Cualquier fórmula que se dirija directamente a Satanás pertenece a este marco y no puede presentarse como una oración de liberación accesible a cualquier fiel.
Esta distinción tiene consecuencias prácticas. Un laico puede recitar la oración breve a san Miguel sin restricciones, ya que constituye una súplica dirigida al arcángel, no un mandato dirigido contra el demonio. El gran exorcismo, por su parte, contiene injunciones directas (“te lo ordenamos”, “retrocede, Satanás”) que colocan al oficiante en una postura de autoridad espiritual enmarcada por un mandato eclesial.
Observamos que la confusión entre estos dos registros persiste en numerosas publicaciones en línea, que reproducen el texto completo del gran exorcismo sin mencionar esta restricción canónica. Es una omisión que plantea un problema pastoral tanto como jurídico.
Oración breve a san Miguel y oraciones leónicas: dos textos a distinguir
León XIII extendió las oraciones después de la misa baja a toda la Iglesia en 1884. La invocación a san Miguel Arcángel fue añadida en 1886. Estas oraciones leónicas incluían tres Ave María, un Salve Regina, una oración y la oración a san Miguel.
Encontrar el texto del exorcismo de León XIII en su versión francesa permite medir la diferencia entre la oración breve y el rito completo. La primera se resume en unas pocas líneas y pide la intercesión del arcángel. La segunda ocupa varias páginas, incluye los salmos 67 y 34, una súplica desarrollada y fórmulas de adjuración.
La recitación de las oraciones leónicas después de la misa terminó con la entrada en vigor de la instrucción Inter Oecumenici, el 7 de marzo de 1965. Desde esa fecha, ya no se prescriben en el marco litúrgico, aunque su uso privado sigue estando permitido.

Estructura litúrgica del gran exorcismo de León XIII
El rito completo sigue un orden preciso que refleja la teología del combate espiritual propia de finales del siglo XIX.
- Apertura con el salmo 67 (“Que Dios se levante y que sus enemigos sean dispersados”), que establece el marco del poder divino frente a las fuerzas adversas.
- Salmo 34 (numeración Vulgata), oración de protección personal del celebrante contra aquellos que “meditan su mal”.
- Súplica a san Miguel Arcángel, pasaje central donde el celebrante invoca al “muy glorioso príncipe de las huestes celestiales” como guardián y protector de la Iglesia.
- Fórmulas de adjuración directa contra Satanás, reservadas al sacerdote mandatado, que constituyen la parte propiamente exorcística del rito.
Esta arquitectura no es arbitraria. Los salmos preceden la adjuración para establecer la autoridad divina antes de que el oficiante se dirija directamente al espíritu maligno. La súplica a san Miguel sirve de pivote entre la alabanza y el mandato.
Teología del texto: intercesión y autoridad
El gran exorcismo articula dos registros teológicos. El primero se refiere a la intercesión: el celebrante ora a Dios y a san Miguel para que intervengan. El segundo se refiere a la autoridad delegada: “En el nombre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor”, el sacerdote ordena al demonio que retroceda.
Este doble registro distingue el rito leonino de una simple oración de protección. El exorcismo solemne compromete la autoridad sacramental del sacerdote, no solo su fe personal. Por eso se requiere el mandato del obispo.
Revisión de 1999 y estado actual del texto leonino
El ritual romano fue revisado con la publicación del De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam en 1999. Este nuevo libro constituye el marco litúrgico oficial para la práctica del exorcismo en la Iglesia latina.
El texto de León XIII no ha sido suprimido, pero ya no es el formulario en vigor. Los exorcistas diocesanos utilizan ahora el ritual revisado, que integra normas pastorales actualizadas. No obstante, el texto leonino conserva un estatus en la piedad personal y en ciertas comunidades adheridas a la forma extraordinaria del rito romano.
La revisión de 1999 ha reforzado los requisitos de discernimiento previo. El exorcismo solo puede ser practicado tras la exclusión de causas psiquiátricas, una precaución ausente en el marco original. Esta evolución refleja el diálogo entre teología y ciencias humanas que se ha desarrollado a lo largo del siglo XX.

Significado espiritual de la oración a san Miguel Arcángel
La oración breve sigue siendo el texto más recitado entre las composiciones atribuidas a León XIII. Su llamado a san Miguel como “defensor en la batalla” resuena con una visión de la vida cristiana como lucha permanente contra los “espíritus de malicia esparcidos por los aires”.
Este vocabulario militar no es decorativo. Se inscribe en una tradición patrística que identifica el combate espiritual como una dimensión constitutiva de la fe. La oración pide al arcángel que “precipite encadenado en los abismos” al adversario, retomando la imaginería del libro del Apocalipsis.
- La mención de las “almas redimidas” recuerda la dimensión sotériológica: el combate tiene como objetivo la salvación, no la confrontación por sí misma.
- La expresión “Dios de paz” asociada al aplastamiento de Satanás crea una tensión teológica deliberada entre paz divina y guerra espiritual.
- La invocación conjunta de la Virgen María, de san Miguel, de los apóstoles Pedro y Pablo y de “todos los santos” inscribe el rito en la comunión eclesial, no en una démarche individual.
La oración a san Miguel conserva una relevancia pastoral que el papa Francisco ha subrayado al invitar a su recitación. Su uso no requiere ningún mandato eclesial, a diferencia del gran exorcismo con el que a menudo se le confunde erróneamente. Mantener esta distinción clara sigue siendo la primera condición para abordar estos textos con rigor.



